miércoles, 20 de febrero de 2008

Al ponerse la toga, ¡quítese Vd. el cilicio!

Casos como el de las mujeres que abortaron en clínicas madrileñas, llamadas a declarar en condiciones ciertamente vejatorias sin tener el mínimo respeto a su intimidad, el del suspendido juez Ferrín Calamita, por sus actuaciones netamente homófobas en dos procesos, de adopción y guarda y custodia con mujeres homosexuales implicadas, las más o menos veladas 'objeciones de conciencia' a la hora de celebrar matrimonios homosexuales, nos hacen sospechar de una especial recrudecimiento del movimiento teocon español contra el que, a mi juicio, hay que tomar medidas urgentes.

Me parece estupendo que los profesionales de la judicatura tengan, como es natural, sus creencias y por tanto sus propios juicios de valor sobre la conducta humana. Pero, traspasar los límites de lo personal, impregando el ejercicio profesional de sus escrúpulos para con ciertas leyes, me parece absolutamente grave. En mi modesta opinión, el juez su única capacidad juzgadora la tiene en el establecimiento de inocencia o culpabilidad del acusado y en este último caso, en que grado. No en juzgar la ley en cada juicio sino en hacerla cumplir sin cuestionarla. Todas las leyes y en igualdad de condiciones para todos los ciudadanos.

Si su señoría tiene escrúpulos con la aplicacion de la ley del aborto, o del matrimonio homosexual, o el divorcio o cualquier otra ley debe preguntarse si ha elegido la profesion correcta. La sociedad no quiere saber que opina el juez de las acciones del acusado, si le parecen mas o menos buenas o correctas, sino si son constitutivas de infraccion de alguna de las leyes de nuestro sistema legal y que pena ha de imponerse según lo establecido en las mismas.

Tener fuertes convicciones religiosas o morales de cualquier tipo puede no ser incapacitante para una persona en el plano personal, (aunque hay sobre esto opiniones diversas). Pero si éstas impiden una aplicación objetiva de la ley, sin juicios morales trenzados sobre el propio juicio, se han de tomar medidas. Urgentes.

Ya no sólo hablo de ilegalidad sino de responsabilidad. Si no gustan las leyes, la profesión es otra: poder legislativo y la búsqueda de mayorías suficientes. Y por supuesto, no contravenir principios esenciales recogidos en la Constitución y otros ámbitos de referencia en los derechos de las personas.

Juzgar desde el púlpito no es justo. Y menos con el cilicio clavado en el muslo. Que como uno puede imaginar, ha de poner de una mala leche....


http://www.lexureditorial.com/noticias/0707/25083713.htm

P.S.: Otro día, en clave más prosaica, hablaremos de la objeción farmacéutica con los condones.

1 comentario:

Unknown dijo...

cuidado con el dinero, ojo con los descuidos. Luego llega la justicia... jejeje